viernes, 10 de enero de 2014

Alfredo Gómez Cerdá y las bibliotecas pequeñas

Curioseando por internet he dado con un artículo en defensa de las bibliotecas (especialmente de las pequeñas, de las de los pueblos), y de las bibliotecarias que me ha encantado y no puedo dejar de compartir con todos vosotros. 

El autor es nada más y nada menos que Alfredo Gómez Cerdá, escritor reconocidísimo principalmente por sus numerosos libros infantiles y juveniles, que tanto gustan a los peques y no tan peques de nuestra biblioteca.

Desde aqui queremos hacer llegar nuestro agradecimiento por esas bonitas y ciertas palabras hacia las bibliotecas y las personas que día a día trabajamos y luchamos para que las bibliotecas sean y sigan siendo "templo sagrado del conocimiento y de las ideas". ¡¡Muchísimas gracias!!.

BIBLIOTECAS

Al comenzar el nuevo año he recibido muchas felicitaciones llenas de buenos deseos: amigos, editores (algunos de ellos amigos también), lectores, profesores, gente que no conozco de nada… Gracias a todos por los buenos deseos que me habéis transmitido. Pero tengo que reconocer que las palabras que más me han emocionado han sido las que me han escrito desde algunas bibliotecas, por lo general, bibliotecas pequeñas, de pueblo. Siento un gran cariño por estas bibliotecas y por las personas que se baten el cobre a diario contra los políticos de turno por su supervivencia. Cariño, claro, y también admiración.

En nuestro país no existe un hecho cultural tan importante como las bibliotecas. Esto debería saberlo todo el mundo. Al cabo de un año, y sin contar las bibliotecas escolares, son aproximadamente doscientos cincuenta millones los usuarios de las bibliotecas –y no estoy exagerando, los datos son del Ministerio de Cultura–. ¿Qué otro hecho cultural podría congregar a tantas personas? Por eso, resulta doloroso y triste ver el trato que las instituciones –salvo honrosas excepciones–, empezando por el propio Ministerio, están dando a las bibliotecas: presupuesto cero para la adquisición de libros u otros materiales, recortes de personal, recortes de horario, supresión de actividades... Hemos tenido que soportar declaraciones de algún político afirmando impunemente que las bibliotecas no son rentables. Y quizá por ese motivo, esas “lumbreras” que nos gobiernan, y que lo único que tienen es el poder, se han permitido cerrarlas o, simplemente, dejarlas morir por asfixia. ¡¿Pero a qué tipo de sociedad quieren llevarnos?!

En otros países las bibliotecas son el colchón que permite que muchas editoriales publiquen libros y, de este modo, se mantengan vivas. Ellas son las que propician con sus compras estas publicaciones. Eso, en España, ni en sueños. Pero no es lo más grave. Las bibliotecas son puertas abiertas a la cultura, lugares para sumergirse, para buscar, para indagar, para reflexionar, para debatir, para soñar, para encontrarse a uno mismo o para perderse, para hablar con los demás o para hacerlo solo, para crecer…

El espacio de una biblioteca, por humilde que sea, es un templo sagrado. Pero un templo sin ninguna religión, sin ninguna bandera, sin ningún himno. Es el templo sagrado del conocimiento y de las ideas. Por eso, una biblioteca siempre será un lugar muy bello, y no por la calidad de su edificio, ni por la disposición de sus estanterías, ni por la funcionalidad de sus mesas… Las bibliotecarias –ellas son mayoría– y los bibliotecarios contribuyen día a día a consolidar esa belleza con su entrega y su dedicación, nunca debidamente recompensadas. Y si esa biblioteca está en un pueblo pequeño, su importancia es aun mayor, pues entonces se convierte en algo vital, esencial, diferente; será el único puente que nos haga llegar a otras realidades, el telescopio que nos acerque a las estrellas más sorprendentes, la tabla de salvación para los que no quieran dejarse arrastrar por las cómodas aguas de la ignorancia.

Me han salido estas palabras, así, en tropel, después de leer la carta que me ha escrito la bibliotecaria de Villafranca de los Caballeros, en la provincia de Toledo, lindando con Ciudad Real. En su carta no se quejaba de nada, al contrario, sus comentarios eran una fiesta luminosa, hablaban de libros, de cuentos y de Reyes Magos. Era una carta que rebosaba ilusión y ganas de hacer el trabajo bien hecho. Pero, ya sabéis, uno se pone a escribir y sale lo que sale.


 ¿No os parece preciosa esa declaración de cariño y admiración por las bibliotecas?.

Desde aqui, y alusivo al tema del artículo, no puedo dejar de recomendaros la lectura de su libro "El monstruo y la bibliotecaria", simplemente genial. Disponible en la biblioteca, al igual que muchos otros. 

Si queréis saber cuales podéis encontrar en la biblio, pinchad AQUI para consultar nuestro catálogo. 

Además, si queréis conocer más cosas sobre Alfredo Gómez Cerdá, no dudéis pasaros por su estupenda web

No hay comentarios:

Publicar un comentario